Durante las épocas de frío intenso es cuando se ponen de manifiesto, o nos parece, las deficiencias de aislamiento que tenemos en nuestros hogares y, entre ellas, están las debidas a las ventanas.

Y eso nos parece, pero hay otras que se notan menos, pero son igual de importantes o más, tanto energéticamente hablando como en lo que se refiere a pérdidas de confort y hasta de salud (ruidos, corrientes, exceso de entrada de calor, etc.)

Cuando vemos que se mueven las cortinas o que no hay manera de que la casa se ponga a 20 ºC aunque esté la calefacción en marcha 24 horas al día, entonces podemos tomar la decisión en caliente de cambiar las ventanas y, ¿a quién le preguntamos?

Cambiar las ventanas de casa es una cuestión de confianza, sí, pero no en nuestro vecino, cuñado, amigo, etc., seguro que salen varios asesores que te indican, cuentan experiencias (buenas, pero sobre todo malas), tienen un conocido, … y ¿cómo no les voy a hacer caso si, además, me van a hacer un precio inmejorable?

Es una cuestión de confianza, pero en un buen profesional, que nos pregunte, que nos asesore, que haga un análisis de los requerimientos que tienen que tener esas ventanas para ser las adecuadas, que tenga un seguro por si hiciera falta, que nos aporte una garantía, …, eso un “profesional”.

Porque entonces, con presupuesto explicado y desglosado, es cuándo podremos saber si el precio es inmejorable o si estamos pagando por algo que no cubre las necesidades correctas y la inversión pasa a ser gasto.

Hay cosas importantísimas en la resolución del hueco (la ventana es sólo una parte del mismo) que no se ven, pero que deben estar y se tienen que valorar. La diferencia en confort y ahorro estará ahí y ponerlo después será mucho más caro, si es que se puede poner, que hacerlo desde el principio.

Afrontar una reforma de ese calado es una decisión a tomar con calma, pedir asesoramiento y buscar esa “confianza” que nos han generado con datos, informes, cálculos, etc.