Se ha comprobado que con la sustitución de unas ventanas correderas antiguas, aunque bien mantenidas, por otras nuevas con una alta clasificación de filtración al aire, se pueden conseguir ahorros de más del 92% en este apartado.

¿El motivo? Que la permeabilidad al aire de los cerramientos aporta información de las renovaciones de aire no deseadas que se producen en el interior de los edificios. Evidentemente, estas renovaciones de aire influirán negativamente en la eficiencia energética de los edificios, tendiendo a igualar la temperatura interior a la exterior, enfriando o calentando el interior, en función de la temperatura exterior, provocando un mayor gasto en calefacción o aire acondicionado.

Actualmente, casi todas las ventanas que se comercializan cumplen, nada más salir de fábrica, con la clasificación máxima en el ensayo de permeabilidad al aire. El problema recae en que no todas son capaces de mantener estas características a lo largo del tiempo.

Por lo tanto, resulta muy importante elegir una ventana que por material y diseño pueda garantizarnos que la permeabilidad se va a mantener a lo largo del tiempo. ¿Cómo escogerlas? En función de un material altamente resistente, con un bajo coeficiente de dilatación, capaz de mantener ajustados los sistemas de juntas y que no se degrade con el sol u otros efectos meteorológicos.

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