Se lleva hablando muchos años de eficiencia energética, de edificios antiguos que hay que reformar para mejorarla, de edificios nuevos en los que se optimiza, etc., y casi siempre, se relaciona con el aislamiento térmico para “abrigarnos” del frío, pero ¿qué pasa en las zonas climáticas que tienen un clima severo en verano? ¿Esos “abrigos” funcionan igual de bien? ¿la hermeticidad del edificio con ventilaciones forzadas es capaz de refrigerar el interior sin el uso de sistemas de enfriamiento?

Las ganancias térmicas por radiación solar sobre la envolvente de los edificios pueden ocasionar gastos energéticos en climatización superiores a los de calefacción, sobre todo en las zonas en las que existe una alta incidencia durante muchas horas a lo largo del día.

Cuando se habla de eficiencia energética y se basa en modelos de países del centro o norte de Europa, se puede caer en el error de centrarse sólo en la época invernal, colocando espesores de aislamiento y hermeticidades muy altas, pero sin pensar en lo que pasará cuando llegue la primavera y la radiación solar comience a “calentar” el interior de las viviendas, entonces, si no se han dispuesto de las debidas protecciones solares (persianas, aleros, elementos de sombreamiento externos, toldos, etc.) el gasto energético en la refrigeración se disparará.

Es básico tener en cuenta la climatología local durante todo el año y crear modelos de construcción que se adapten a ella, con elementos de sombra, ventilaciones cruzadas nocturnas, etc., y evitar modelos de otros países o zonas climáticas diseñados para ellas. No se deberían construir igual una vivienda en Almería que en Cerler (Huesca).