El ser humano prefiere la luz natural a la artificial. La luz solar tiene un excelente rendimiento de los colores y aporta elementos proactivos en el comportamiento de las personas.

Sin embargo, a pesar de sus ventajas, es necesario regular la luz natural de forma adecuada para hacerla útil al iluminar los entornos de trabajo y, además, hay que evitar el exceso de ganancia térmica que puede provocar el soleamiento del edificio.

Los elementos de protección solar exterior son una vía de ahorro energético y aportan una mejor calidad ambiental en el espacio de trabajo.

La trayectoria del sol varía en función de la estación del año, de forma que en verano la trayectoria solar es diferente que, en invierno, tanto en las horas de luz diarias como en la “altura” del sol, con lo que su ángulo de incidencia en las fachadas es diferente.

Un sistema de protección solar pretende que el edificio permanezca sombreado el mayor número de horas posibles, siempre que no queramos aprovechar el soleamiento para calentar el interior, manteniendo un grado adecuado de entrada de luz natural. Dependiendo de la orientación de las fachadas se utilizará un tipo u otro de sistema, por ejemplo, en las orientadas al Sur, se puede obtener una protección solar efectiva utilizando un sistema fijo en posición horizontal (aleros, viseras, etc.), ya que durante los días de verano estos elementos proyectarán su sombra sobre la ventana, mientras que, en invierno, cuando el sol está “más bajo”, permiten la entrada directa del sol en el edificio, pudiendo aprovechar la ganancia energética para calentar el interior, mientras que en las orientadas al Este u Oeste, los elementos horizontales tipo alero no son tan efectivos debido a que el sol al amanecer y atardecer tiene una trayectoria baja tanto en invierno como en verano. Otro tipo de soluciones, como por ejemplo las lamas móviles, persianas o estores exteriores, pueden adoptarse para controlarlo.